EPICENTROLeón Krauze
Los perdedores de una elección enfrentan un trago amargo pero indispensable: aceptar que hubo alguien mejor, más hábil, más querido, más popular. Deben, en suma, administrar la frustración de la derrota. A diferencia de la costumbre reciente, en la elección del domingo fuimos testigos de varios actos de dignidad democrática. Josefina Vázquez Mota, por ejemplo, ni siquiera esperó al conteo rápido del IFE: sabedora de su fracaso, decidió borrar cualquier sombra de duda y aceptó que no contaba con el favor del electorado. Todos, salvo Andrés Manuel López Obrador, quien volvió a optar por postergar la normalidad democrática del país. Estaba en su legítimo derecho: después de todo, en efecto, la última palabra no la tiene el conteo rápido ni el famoso PREP. Pero uno intuye que López Obrador sabe que ha perdido. Y sabe que su derrota ha sido más clara, más inobjetable que la de 2006. ¿Por qué, entonces, no quiso demostrar altura cívica? ¿Por qué, en su discurso del domingo, tomó el camino de la dilación, recurriendo de nuevo a la retórica de la conspiración (“la realidad es otra cosa”, “tenemos otros datos”, etcétera)? ¿Por qué prefiere, de nuevo, restar legitimidad a quien lo ha derrotado antes que comenzar, desde ahora, una oposición minoritaria robusta, pero leal?.
Creo, sin embargo, que ha llegado el momento de sugerirle que libere a la izquierda mexicana del grillete que implica su personalísima persecución del poder. El futuro electoral de la izquierda ya no es Andrés Manuel López Obrador. Creo, por otro lado, que el hombre de Tabasco no debe irse a su famoso rancho; debe permanecer entre nosotros. Pero ya no debe encabezar un proyecto cuyo desenlace sean las urnas. Debe, en cambio, dedicarse a esa otra ambición: la del líder social. Si no lo hace, su lugar en la historia no solo se verá ensombrecido. Le ocurrirá algo peor: será recordado como un hombre que, en aras de la satisfacción narcisista, condenó a un país entero al encono y, peor aún, a la versión más pobre y estéril de la indignación.
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