Por Víctor Fonseca Jacques
En un hecho que hace unos meses hubiera parecido imposible, los gobernadores panistas del país, entre ellos Guillermo Padrés Elías, se reunieron este miércoles con Enrique Peña Nieto, quien está a un paso de convertirse en el nuevo mandatario mexicano. Los azules y el priísta acordaron trabajar, al menos en la palabra, con armonía y en la búsqueda de mejores perspectivas para el país. Si el encuentro fue de buena voluntad, habría sido una muestra de madurez, algo que no vemos desde hace décadas entre la clase política de todos los niveles en México, donde los intereses de los grupos económicos han prevalecido por encima del orden y el bienestar colectivo, llevando a las clases populares a un estatus económico que todavía se advierte difícil de superar.
En Sonora, Padrés Elías buscó quedarse con la mayoría de diputados en el Congreso del Estado para poder facilitar la legislación de sus iniciativas, porque los bloques opositores se han negado sistemáticamente a permitirle llevarlas adelante. Si son buenas o malas no es lo importante. Hay que apoyar a los grupos económicos que están contra la política gubernamental. Lo demás sale sobrando. En los municipios, los enfrentamientos entre los regidores de los diferentes partidos políticos favorecidos con la benevolencia electoral son cruentos, y en algunos casos llegan hasta los golpes. Si las evidencias de un gobierno que no responde a la comunidad se multiplican por todos lados, los ediles consideran que se hizo un buen trabajo si se defendieron los intereses de partidos o particulares. Esa es la forma de hacer política.

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