Los huevos de Marcelo.

Publicado por Grupo Ormi On 18:42
Por Manuel Ajenjo

Durante un recorrido por la Feria Internacional de la Industria del Pan, el jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, mostró una caja con huevos y dijo: “Para que los vea Sandoval”.

Por primera vez en la historia, un funcionario público, en este caso el Jefe de Gobierno de la ciudad de México, demandó legalmente a un alto jerarca de la Iglesia católica, al cardenal Juan Sandoval Íñiguez. El motivo de la querella todos lo conocemos -el Cardenal rescató del viejo diccionario de la abuela el verbo maicear, cuyo concepto y aplicación permitió que las aguas broncas de la Revolución Mexicana tomaran el cauce institucional-. En su demanda, por daño moral, Marcelo Ebrard también incluyó al vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, quien se pasó de lanza al decir que la ley de adopción para los matrimonios gay hace más daño que el narcotráfico.

(Paréntesis para la primera ficción de hoy patrocinada por la Fábrica de Sotanas Puritanas):

El hermano Roberto propone a los niños: Antes de disfrutar de los sagrados alimentos vamos a echar una porra a nuestra benemérita institución. ¿Listos? ¡Sí! -contestan a coro los infantes que saben de memoria la rutina. La cotidiana arenga, que sirve para recordarles su origen, la dirige el hermano que hace las preguntas, los niños contestan, luego juntos vitorean al establecimiento que los cobija: ¿Dónde está mamá? No sé. ¿Dónde está papá? No sé. ¡Que viva, que viva, el hospicio San José!

Era la hora de la cena en el orfanato cuando un comando del Cártel LG (Lésbico Gay) irrumpió -taparon sus caras con un pasamontañas con los colores del arcoíris- en el recinto sometieron al hermano Roberto -una versión dice que de manera pacífica lo encerraron en un clóset; otra que fue amenazado por rifles Mari-KA 41, así llaman, burlonamente, al supuesto armamento usado por este Cártel-. En cuanto a los 15 huérfanos que se disponían a merendar fueron recogidos -que no remancillados como dijeron los enemigos de los asaltantes- al grito de: “Los queremos en adopción, elijan papá y papá, escojan mamá y mamá”; otra versión, menos creíble, cuenta que los chamacos fueron levantados con lujo de violencia para llevárselos consigo al tiempo que la plaga rosa -otro nombre con el que se les conoce- profería la siguiente consigna: “Órale pinches chamacos nos los vamos a llevar porque estamos al servicio de intereses oscuros para destruir a la sociedad mexicana”. Consumada su hazaña, el comando dejó una manta con la leyenda: “Para que se enseñen a respetar a los niños”. Aunque, según la versión de los malquerientes del Cártel en la manta se leía: “Joto por joto, tortilla por tortilla”.

Luego se supo la verdad. El hecho fue un capítulo más de la guerra que sostienen el Cártel LG, antes mencionado, y el Cártel de los CP (Curas Pederastas) patrocinadores del hospicio donde reclutan y preparan nuevos elementos para satisfacer los bajos instintos de sus principales capos como el presbítero Heladio Ávila Avelar de Guadalajara; el párroco de Tamazula, Leopoldo Romero; el padre José Luis de María Campos López de León, Guanajuato, violador de cuatro monaguillos -debería de estar preso en el penal estatal, en su lugar están las mujeres acusadas de aborto-; y, por supuesto, el internacional pedófilo, cura Nicolás Aguilar, acusado de violar a más de 90 niños, unos en México y otros en Estados Unidos.

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