
Por: Francisco Arenas Murillo
Recién iniciaba la reunión plenaria de las comisiones Sonora Arizona y Arizona México y algo raro sucedía. De pronto el rostro del gobernador del Estado se puso adusto, serio, pensativo, ausente, y era una clara señal de que algo no estaba bien.
En una de las mesas, el Procurador de Justicia Abel Murrieta y el Secretario de Seguridad dialogaban y giraban instrucciones a sus asistentes y colaboradores. Pocos, salvo Samuel Valenzuela y Gaspar Navarro, más quien esto escribe, detectaron esas señales, y por eso nos atrevimos a indagar directamente, y fue cuando el propio titular de la Procuraduría General de Justicia nos explicaba: “es impresionante, estamos impactados por lo que sucedió en Hermosillo y eso nos preocupa”.
El mandatario sonorense emitió su mensaje que en otras circunstancias pudo ser más emotivo, más intenso, más interesante, con mensajes más específicos y concretos, pero el impacto de las emociones, la magnitud de los acontecimientos, impidieron esa circunstancia.
Mientras el mandatario emitía su discurso de despedida de este tipo de reuniones de ambas comisiones, el personal de logística y sus colaboradores más cercanos evaluaban la posibilidad, la necesidad de que se suspendiera su participación en el resto de la agenda y que se trasladase a la capital sonorense a coordinar los trabajos de ayuda y solidaridad a los familiares de los menores fallecidos.
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